A las personas se las conoce por sus virtudes y sus defectos, por eso, una buena descripción podría construirse a partir de una relación detallada de nuestras integridades y vicios.
El problema está en que me reconozco muchísimos defectos pero ninguna virtud. Y tampoco es plan de que yo mismo me agravie, porque para eso ya tengo a mis enemigos, que son muchos y poderosos.
En realidad sí me reconozco una virtud: la constancia. Pero la distancia que separa la virtud del defecto es muy estrecha, así que esos a los que antes me he referido dicen que en verdad lo que soy es un cabezota.
Así que lo mejor será que no les cuente nada de mí.
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